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Psicología y física cuántica

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Si Ud. ha visto películas como ”El Secreto” (2006) o “What the bleep do we know” (2004) –traducida al español como “¿Qué rayos sabemos?” o “Y tu qué sabes?”- puede haber sentido que a pesar de que le parezcan muy lógicos e interesantes sus planteos, sus deseos no se convierten tan fácilmente en realidad.

Antes que nada, habría que aclarar que muchas de las apreciaciones que en estos filmes se vierten y que han convertido al interés por la mecánica cuántica en un fenómeno más masivo, han recibido numerosas críticas. Muchos expertos en la materia sostienen que no son correctas ni en su formulación ni –especialmente- en las consecuencias que de ellas se postulan. Incluso llegan a referirse a su conjunto como “Misticismo cuántico”.

Básicamente, no habría (¿todavía?) una prueba científica de que la realidad se mueva de las maneras allí presentadas.

Entonces, ¿ésto explica que no pueda acceder a concretar con mayor facilidad sus anhelos?

Supongamos que todo lo que se dice en estas películas fuera cierto. Es decir, que la realidad es afectada por el observador de la manera como se presenta en “What the bleep…”  O que es posible hacer funcionar una  “ley de la atracción” como la que se pregona en “El Secreto”?

Claro está que se pueden hacer cantidad de consideraciones de todo tipo. Pero en esta oportunidad, se podrían señalar al menos 3 grandes obstáculos a vencer para poder acceder a los beneficios de esa nueva forma de concebir nuestra relación con la realidad:

1)     Vencer nuestra historia de condicionamientos en contrario

Había una vez, un hombre de vida muy infeliz, que siempre creyó que todo le salía mal. Sin embargo, asombrado del giro que daba su vida, un día encontró la lámpara de Aladino. Pero el genio en su interior resultó tener muy mal genio. Sus dos primeros deseos resultaron un fiasco porque el genio los cumplió literalmente. Y lo mismo ocurrió con el tercero, en el que el desafortunado solicitó ser el hombre más rico del mundo y el genio terminó comiéndoselo y certificando lo rico que era.

Por qué podría haberle pasado esto? El desdichado ha construído un sistema de creencias acorde con su condición de “yeta”  y condicionado por ese postulado, una oportunidad como la que se le presentó no podía tener otro destino que convertirla en una nueva y mayor decepción.

Nuestro sistema de creencias muchas veces incluye mandatos (de nuestros padres), experiencias negativas y hasta culpas que nos alejan –conciente o inconcientemente- de la concreción de nuestros deseos.

Se dice que la frase “Conócete a ti mismo” estaba inscrita en la puerta del templo de Apolo en Delfos, en la Antigua Grecia. Por algo será…

2)     Integrar todos los aspectos ligados a la mecánica del deseo: ¿alcanza sólo con saber que existe la ley de la atracción?

Para poder volar, tengo que conocer la ley de gravedad. Pero conocer la ley de gravedad, ¿me asegura el poder volar?

La respuesta es obvia: debo conocer las leyes de la aerodinámica, meteorológicas, y muchas otras más.

Además de los aspectos psicológicos antes mencionados y a poco de investigar un poco la procedencia de la “ley de atracción”, surge una relación entre ésta y las antiguas enseñanzas herméticas.

Y resulta que los principios herméticos, son en realidad, siete. Algunos de ellos, como por ejemplo el de polaridad o el de causa y efecto podrían entrar en conflicto con la ley de la atracción: habría que contemplar el aspecto polar (opuesto) de aquello que convoco y cómo puedo producir un efecto si no hay proporción con la causa (el sólo hecho de desearlo).

3)     Aprender a vivir con un poder semejante

Uno de los capítulos de la clásica serie “La dimensión desconocida”, que se llama “A nice place to visit” (1960) nos muestra a un delincuente que acaba de fallecer y es acompañado por un guía a un mundo en el que paulatinamente va descubriendo que cada deseo que tiene se convierte en realidad: acierta todos los números cuando juega a la ruleta, tiene las mujeres que quiere, riquezas, etc. Nada le sale mal. Al mes, enormemente aburrido, le dice a su guía que no está hecho para vivir en el cielo. Quiero ir “al otro lugar” –le dice. La respuesta que obtiene es “Este es el otro lugar”.

Aunque parezca difícil imaginarlo, si contáramos con un poder como para complacer instantáneamente nuestro deseo, el resultado sería el aburrimiento más siniestro.

Un referente de la psicología infantil, D. W. Winnicot, decía que una madre debía ser “suficientemente buena”. Hacía referencia a que no debe solucionarle a su hijo todos los problemas incluso antes de que ocurran sino saber estimular la capacidad propia del bebé para enfrentar situaciones frustrantes. Es la preparación básica para enfrentar las que le esperan en la vida.

Parafraseando a Winnicot, podríamos decir que nuestra vida, en el mejor de los casos, debería ser “suficientemente buena”, en el sentido (paradójico en relación a la ley de atracción) de evitar la sobreprotección de un poder mágico que pudiera sumirnos en un aburrimiento insoportable.

El deseo puede “potenciarse”. Pero hay que tener en cuenta estas y otras variables (por ej., que mi deseo puede estar en contradicción con el de otro u otros).

De haber tenido en cuenta algunas de estas cuestiones, quizás el maltrecho antihéroe que se encontró con el genio de mal genio, pudiera haber pedido como tercer deseo, que le concediera 3 más. Pero tres mas, ¡no infinitos!

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